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El arte a bodega abierta

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La Rioja conoce desde hace veinte años una profunda transformación. Las fincas vitícolas ya no son únicamente lugares de producción. Se reinventan como destinos culturales donde la arquitectura y el diseño dialogan con la viña. Esta tendencia, surgida en California y Australia, se ha implantado en España y rediseña los paisajes del vino.

Marqués de Riscal e Ysios ilustran esta evolución. El primero confió a Frank Gehry, el arquitecto del Guggenheim de Bilbao, la creación de un edificio en diálogo con las tradiciones del terruño. Una cubierta ondulante de titanio y acero sigue los contornos naturales del paisaje riojano sin aplastarlo. La oposición entre esta audacia contemporánea y las bodegas históricas del siglo XIX impacta al visitante.

Ysios, diseñada por Álvaro Siza, toma un camino diferente. Inspirada por la geometría de las viñas y la topografía local, esta bodega se integra al territorio en lugar de confrontarlo. Las fachadas ondulantes y los juegos de luz reflejada hacen de la visita una experiencia contemplativa.

Este enfoque arquitectónico responde a una lógica comercial precisa: patrimonio, enoturismo de alta gama, experiencias sensoriales nuevas. El visitante ya no viene únicamente para degustar. Busca una inmersión estética en torno al vino.

La Rioja redefine la finca vitícola contemporánea. Entre herencia y creación, entre uso y arte, las bodegas se convierten en construcciones que plantean una pregunta: ¿el vino del siglo XXI será ante todo un producto o una experiencia?

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